El rugbier ushuaiense construyó desde muy chico un vínculo con el deporte que lo llevó a cruzar el océano. Después de pasar por distintos clubes franceses, una lesión y varios obstáculos lejos de casa, hoy afronta un nuevo desafío en Aviron Gruissanais, con el objetivo de dar otro paso hacia el profesionalismo.
La historia de Maximiliano Prompt con el rugby comenzó cuando apenas tenía 6 o 7 años, en la escuelita municipal de Ushuaia. Después llegó Las Águilas y, desde los 13 años, Colegio del Sur, club que terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su vida.
Entre sus primeros recuerdos aparecen entrenamientos muy lejos de los grandes escenarios. Quince chicos de distintas edades compartiendo un pequeño espacio de pasto junto a una pileta, con apenas unos metros para moverse. Los sábados llegaban los encuentros infantiles, los tries y, sobre todo, las ganas de jugar.
Años después, aquella pasión lo llevaría mucho más lejos de Ushuaia.
La posibilidad de viajar a Francia apareció en 2021, cuando su papá, que ya vivía allí, consiguió un club para que pudiera realizar una prueba. Prompt no estaba convencido de sus posibilidades. El nivel era alto y los jugadores eran físicamente superiores.
Pero su padre le dejó una frase que terminó marcando el comienzo de una nueva etapa: si la respuesta inicial parecía ser un “no”, había que salir a buscar el “sí”.
Lo hizo. Y lo consiguió.
El salto no fue sencillo. Dejó atrás a su mamá, a sus amigos y una vida construida en Ushuaia para perseguir un sueño. En Francia tuvo que adaptarse a una nueva cultura, conocer gente, integrarse a otro club, entender sistemas de juego diferentes y desenvolverse en un idioma que prácticamente no dominaba.
Dentro de la cancha, el cambio también fue enorme. La velocidad del juego, la exigencia física, los scrums, el contacto y la competencia interna hicieron que cada entrenamiento fuera una oportunidad para demostrar que podía quedarse con un lugar.
Fuera del rugby aparecieron otros obstáculos: conseguir trabajo sin experiencia, adaptarse a la vida cotidiana y resolver cuestiones administrativas en un país nuevo.
Su recorrido deportivo fue construyéndose paso a paso. En Chambéry aprendió la importancia de los entrenamientos extras y del trabajo físico y técnico. En Mâcon dio un salto importante en aspectos del juego como el scrum y el line, acompañado por entrenadores que fueron fundamentales en su crecimiento.
Luego llegó Bourgoin, una etapa que terminó poniéndolo a prueba de otra manera.
Después de un buen comienzo, una lesión lo dejó afuera durante buena parte de la temporada. Para Prompt fue un golpe duro, especialmente porque sentía que podía estar ante una oportunidad para acercarse a la primera división en un club histórico.
Pero decidió seguir entrenándose.
Esa perseverancia terminó abriendo otra puerta. Hoy forma parte de Aviron Gruissanais, donde afronta un nuevo desafío en el rugby francés y busca ganarse un lugar en un plantel de alto nivel.
La experiencia también modificó su manera de entender el rugby. En Francia encontró un juego mucho más veloz y físico, acompañado por una preparación física exigente que atraviesa prácticamente todos los clubes.
Pero mientras crecía deportivamente, también aparecía una certeza: cuanto más lejos estaba, más valoraba aquello que había dejado en Ushuaia.
Extraña a su mamá, a su familia y a sus amigos. Extraña los entrenamientos en Colegio, las comidas con el equipo, ayudar a preparar todo antes de un partido y esas charlas alrededor del mate que forman parte de la vida cotidiana argentina.
Esa distancia también reforzó su sentido de pertenencia.
Prompt no se olvida de dónde salió. Y entre tantos kilómetros, mantiene dos sueños que todavía están pendientes. El primero, más cercano, es poder vivir profesionalmente del rugby.
El segundo tiene una carga todavía más especial: volver algún día a ponerse la camiseta de Colegio del Sur y conseguir una copa con el club que fue parte de su formación.
Y, claro, hay un sueño todavía más grande.
Llegar a Los Pumas.
Para eso sabe que todavía queda mucho trabajo. Más entrenamiento, más exigencia y más sacrificio. Pero si algo demuestra su recorrido desde aquella pequeña porción de pasto en Ushuaia hasta las canchas francesas, es que ya aprendió a no conformarse con el primer “no”.
Ahora va por el próximo “sí”.

