Antonio Marshall lleva años corriendo. Pero su historia no se explica solamente en kilómetros, carreras o tiempos. Detrás de la particular imagen que lo convirtió en una figura reconocida dentro del mundo del running hay una historia marcada por momentos difíciles, una transformación personal y un mensaje que hoy busca llevar a cada lugar que visita.
Conocido como el “Forrest Gump chileno”, Marshall comenzó a correr hace más de 17 años. Lo hizo en un momento personal complicado, cuando atravesaba una pena de amor. Aquellas primeras salidas estuvieron lejos de ser sencillas: apenas podía completar unas cuadras, pero encontró en el movimiento una manera de empezar a salir de ese momento.
Con el paso del tiempo, correr dejó de ser solamente una actividad física y se convirtió en una parte fundamental de su vida.
Su particular personaje apareció durante la pandemia. En ese período se dejó crecer el pelo y la barba y, mientras corría con su ropa habitual, alguien notó su parecido con Forrest Gump, el recordado personaje interpretado por Tom Hanks. Marshall volvió a mirar la película y encontró en esa comparación algo más que una anécdota.
Desde entonces comenzó a construir una imagen que hoy ya es reconocible en las competencias: pelo largo, barba, el vestuario inspirado en el personaje y hasta una manera particular de correr. Aquello que comenzó como una coincidencia terminó convirtiéndose en una identidad que lo llevó a recorrer distintos puntos de Chile y también otros países.
Pero detrás del traje hay un mensaje.
Marshall no se presenta como un corredor de elite ni busca que sus tiempos sean el centro de la historia. Su objetivo está puesto en otro lugar: utilizar el running como una herramienta para transmitir un mensaje de superación, inclusión y respeto por quienes muchas veces sienten que no encajan.
Parte de esa mirada tiene que ver con su propia infancia. Creció en el sur de Chile y contó que fue un niño tímido, al que le costaba relacionarse y que sufrió situaciones de bullying. Durante mucho tiempo sintió que no encontraba un lugar y que el mundo podía ser demasiado oscuro.
Años después, correr le permitió mirar aquellas experiencias desde otra perspectiva.
Hoy, además, busca que su historia pueda servirle a otras personas que atraviesan situaciones similares. En cada carrera, muchas veces son los propios corredores y espectadores quienes se acercan para contarle sus historias. Para Marshall, esos encuentros son una parte fundamental de lo que construyó alrededor del personaje.
Su mensaje también está fuertemente relacionado con la neurodivergencia y la necesidad de comprender las diferencias sin convertirlas en motivo de burla o exclusión. Su mirada apunta a dejar de poner el foco únicamente en aquello que una persona no puede hacer y comenzar a reconocer también sus capacidades.
Por eso, su recorrido tiene un propósito que excede al deporte. Corre para visibilizar a quienes muchas veces no encuentran la manera de expresarse, para hablar sobre el bullying y para defender la idea de que ser diferente no debería ser una razón para sentirse menos.
Ahora esa historia tendrá un capítulo en Río Grande.
Este sábado 29 de agosto, Antonio Marshall será el invitado especial del regreso de los trotes en grupo, una propuesta que tendrá como punto de encuentro el Parque de los 100 Años desde las 14 horas.
La convocatoria está abierta a corredores habituales, personas que recién empiezan y también a quienes simplemente quieran acercarse a compartir una tarde diferente.
La llegada del “Forrest Gump chileno” propone, entonces, mucho más que una corrida recreativa. Será la posibilidad de conocer de cerca a un personaje que convirtió sus propios obstáculos en una forma de acompañar a otros y que encontró, corriendo, una manera de darle un nuevo sentido a su historia.
Porque detrás de cada kilómetro de Antonio Marshall hay una idea que hoy lo acompaña a donde quiera que vaya: quizás correr no cambie lo que vivimos, pero sí puede cambiar la manera en que decidimos seguir adelante.


