El sueño de Bastian Marchisio continúa sumando capítulos. Luego de su paso por Barcelona, donde vivió una experiencia inolvidable en el Barça Academy y dejó una gran imagen en el ámbito internacional, el joven futbolista riograndense de 11 años recibió una nueva muestra de confianza: Vélez Sarsfield lo convocó nuevamente para continuar con su proceso de evaluación.
El club de Liniers citó al fueguino para dos nuevas etapas de observación, que se desarrollarán en septiembre y noviembre, una decisión que refleja el interés que despertó tras su primera estadía en Buenos Aires.
«Fue una alegría enorme. No es fácil para un chico de Río Grande llegar al fútbol de AFA, donde los chicos vienen entrenando juntos desde hace muchos años. Que quieran que vuelva dos veces más nos llena de orgullo», expresó su padre, Rodrigo Marchisio.
Una devolución que ilusiona
Aunque durante las jornadas de evaluación los padres no pudieron presenciar los entrenamientos, la devolución del cuerpo técnico dejó más que conformes a la familia.
Según contó Rodrigo, desde Vélez destacaron la rápida adaptación de Bastian al grupo, además de sus condiciones futbolísticas y humanas.
«Nos dijeron que tiene mucho talento, que se adaptó muy bien y que sobresalen su velocidad, la aceleración, la gambeta y las ganas que tiene de ser parte del club. También valoraron mucho su compromiso y su entrega», relató.
La decisión de convocarlo nuevamente representa un paso importante dentro de un proceso que demanda paciencia, constancia y mucho trabajo.
Barcelona, un antes y un después
La experiencia vivida en España marcó un punto de inflexión en el crecimiento del pequeño futbolista.
Durante casi un mes compartió entrenamientos y partidos con chicos de distintos países, enfrentando equipos de Francia, Japón, México, Marruecos, Serbia y el propio Barcelona, compitiendo incluso en una categoría superior a la suya.
«Fue una experiencia única. Deportivamente le sirvió muchísimo, pero creo que todavía más en lo personal. Perdió el miedo de viajar, de competir con chicos de otros países y de desenvolverse solo en un ambiente totalmente distinto», explicó Rodrigo.
Ese rendimiento también despertó el interés de otros clubes, entre ellos Vélez.
Un entrenamiento que no conoce pausas
Mientras espera el viaje de septiembre, Bastian mantiene una intensa rutina de preparación.
Entrena entre cuatro y cinco horas diarias, incluso durante las vacaciones, combinando trabajos físicos, fútbol y futsal.
Además de las prácticas con Unión Santiago y Rosario, cuenta con un acompañamiento integral que incluye preparación física, nutricionista, psicóloga y kinesiología.
«Él no para nunca. A veces soy yo el que tiene que decirle que afloje un poco. Si le digo que no lo llevo a entrenar, llama a la mamá para que lo mande en un Uber», contó entre risas Rodrigo.
Más allá de las condiciones futbolísticas, el padre asegura que lo que más lo enorgullece es la mentalidad de su hijo.
«Es un chico muy humilde, con unas ganas enormes de seguir aprendiendo. Se esfuerza todos los días y juega un amistoso como si fuera una final.»
Un sueño que sigue necesitando ayuda
Como ocurrió con el viaje a Barcelona, las nuevas evaluaciones implican un importante esfuerzo económico para la familia.
Por eso ya comenzaron a organizar nuevas rifas y campañas solidarias para reunir los fondos necesarios.
«Todo esto es posible gracias a la gente. Hay personas de Río Grande, de otras provincias e incluso de España e Italia que colaboran. Nos emociona muchísimo el apoyo que recibimos desde el primer día», destacó Rodrigo.
El padre también agradeció el acompañamiento de familiares, amigos y de cada persona que comparte las campañas o realiza un aporte.
«Es un camino largo, pero cuando la gente conoce la historia siempre aparece alguien dispuesto a ayudar. Estamos inmensamente agradecidos.»
La felicidad en una sola frase
Entre tantos entrenamientos, viajes y desafíos, hay una respuesta de Bastian que resume por qué vale la pena cada esfuerzo.
Un día, mientras conversaba con su mamá, ella le preguntó qué sentía cada vez que entraba a una cancha.
La respuesta fue tan simple como contundente.
«Mamá, yo toco la pelota y soy feliz.»
Con esa pasión como motor, el pequeño riograndense se prepara para afrontar dos nuevas oportunidades en Vélez Sarsfield, llevando consigo no solo sus sueños, sino también el apoyo de toda una comunidad que lo acompaña en cada paso.


